Winthrop Niles Kellogg, que no tiene nada que ver con los cereales, tuvo un "plan" en el año 1931 por el que paso a la historia.
Kellogg, que era psicólogo y nacido en Norteamérica, decidió adoptar un chimpancé de siete meses. Le adoptó y le bautizó con el nombre de Gua. Y adoptarle y bautizarle significaba que no sería una mascota más, sino parte de su familia. Y así fue. La "genial" idea del psicólogo era que fuera como un hijo. Un hijo más o menos de la misma edad de su hijo de verdad. Winthrop tenía por aquel entonces un hijo de diez meses, Donald, y quería comprobar con la compra del mono la evolución paralela de los dos seres. El chimpancé tenía por entonces 7 meses.
Niño y simio se convirtieron "obligatoriamente" en hermanos: el padre les trato igual, misma forma de vestir, misma forma de comer, misma forma de jugar y mismo afecto.
Con casi dos años de edad, cuando los niños ya comienzan a tener un "primer" vocabulario, Donald solo era capaz de pronunciar seis palabras a las que unía gruñidos, gritos y ladridos copiados del mono.

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2012-03-06 15:56:53 | Silena Correa - la curiosidad del mono habría terminado antesEs necesario recordar el concepto de Neotenia, para interpretar esto. La capacidad de aprendizaje del mono en etapas iniciales de su vida está acelerada, pero se enlentece y satura rápidamente; el Hombre, en cambio, conserva esta capacidad por toda la vida, es un "Homo Ludens". Por otro lado, la gran plasticidad neural en etapas tempranas de la vida del Hombre, explica la reversibilidad de las conductas adoptadas por el niño. No parece haberse afectado el aprendizaje, abstracto, pues llegó a graduarse en Hardvard. Por último ¿no hay reparos éticos contra la experimentación humana? Si los resultados fueran otros, el niño habría tenido que pagar con su calidd de vida, por la curiosidad científica de su padre.






