En los años dorados del cine, enseñar el ombligo en la gran pantalla era una provocación sexual, sobre todo si era femenino.
Así, se da la paradoja de que Victor Mature pudo mostrarlo sin pudor en Sansón y Dalila (1940), mientras su compañera de reparto, Hedy Lamarr, tuvo que ocultar el suyo tras chales y joyas.
Igualmente, años antes, la actriz Carole Landis escondió el suyo bajo un bañador de piel en la versión de 1932 de Hace un millón de años.
Por fortuna, en 1964, la moral ya había cambiado, y Raquel Welch no tuvo problemas para lucirlo en el remake de esa epopeya prehistórica.




