Se dice que cuando Alfonso VI se encontraba sitiando la fortaleza musulmana, uno de sus soldados se adelanto del destacamento dirigiéndose a la muralla. Como no disponia de nada para escalarla, utilizó su daga, y comenzó a subirla con gran rapidez y maestria.
El rey y el resto de soldados que se encontraban allí, viendo como escalaba aquel soldado, exclamaron: “¡Parece un gato!, ¡Escala como un gato!
A lo largo de la subida, no dejaron de llamarle gato y así cuando este llego a lo alto de para cambiar la enseña por la cristiana, gato era lo único que se escuchaba. El soldado decidio utilizar a partir de ese momento el apellido Gato, nombre que ha llegado hasta nuestros días a los ciudadanos y ciudadanas de la Villa de Madrid.







