Elizabeth, mujer culta e instruida en una sociedad en donde sus congéneres femeninas apenas sabían leer y escribir, se aburría hasta que descubrió entonces que tomar doncellas, forzarlas a tener relaciones lésbicas, y clavarles alfileres para hacerlas retorcerse de dolor, era una efectiva manera de descargar tensiones.
Esta situación se fue agravando con el paso del tiempo, pero por su condición de mujer noble, pudo reunir una pequeña corte o camarilla que se encargó de buscar víctimas ente las chicas pobres de los alrededores. Mientras duró el brutal régimen de terror de la condesa Báthory, los alrededores de su castillo en muchos kilómetros a la redonda llegarían prácticamente a despoblarse de mujeres.
Lo peor vino cuando descubrió que la sangre de las doncellas jóvenes la hacía verse más joven.
A pesar de sus esfuerzos por disimular la larga serie de perversiones sexuales, torturas y asesinatos de doncellas, los rumores corrieron. Aunque intentó mover influencias entre sus parientes, todo fue en vano. Su camarilla fue limpiamente capturada y condenada a la hoguera, en tanto que ella fue recluida de por vida en una habitación tapiada, con sólo una tronera para la ventilación, y una rendija para pasarle la comida. Murió tres años después, el 21 de agosto de 1614.
Durante los cerca de treinta años que duró su macabro imperio de terror, llevó un diario de vida en donde anotó minuciosamente los vejaciones y torturas que llevó a cabo; gracias a ello conocemos el número total de sus víctimas: 616 mujeres.







