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Errores Históricos y otras curiosidades.

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Carta de Joan Manuel Serrat a la ciudad Montevideo (Uruguay)

Valoración de los usuarios: / 9
PobreEl mejor 

Querida Montevideo:

Ayer hablé por teléfono con Galeano y me contó que el tiempo está muy inestable por ahí. El invierno empieza a mostrar su cara de palo y los plátanos de sombra ya están arreglando sus cosas antes de echarse a dormir. Cuando nos vimos las caras por primera vez, Montevideo, verdeabas por los cuatro puntos cardinales y las muchachas se desparramaban adormiladas en los pastos del Parque Rodó, robándole el brillo al Sol del mediodía para llevárselo puesto. Era noviembre de 1969. Aquel año fue el primero de mi vida que tuvo dos primaveras. Viajé desde Buenos Aires con Edmundo Rivero, el de las manos como capazos y la voz de trueno;con él compartía cartel en el Parador del Cerro.Vine para un par de días, con urgencias, como siempre, y, nada más llegar, después de atender un par de periodistas tan convencidos como yo de lo efímero del éxito, en especial el mío, salí del hotel con la intención de bajar al puerto a cumplir con una antigua promesa: encontrar la sombra perdida del Graf Spee. De niños, el Tito y yo, conmovidos por el heroísmo de aquellos marineros, rubios como la cerveza, que hacían de buenos en la película, nos juramentamos, al salir del cine, que, en cuanto fuésemos mayores, iríamos a Montevideo a echarles una mano a aquellos desventurados tipos, aunque fuesen alemanes; así que aprovechando la ocasión, aun a sabiendas de que era demasiado tarde para hacer nada por ellos, eché a andar con moderado entusiasmo al encuentro de mis fantasmas infantiles. De cualquier modo, aunque no sacase nada en claro del Graf Spee, siempre me quedaba el Tito quien, en nuestra anual conversación en el bar Juanito, escucharía generoso el relato ampliado y aderezado de este rescate de recuerdos. Pero tú querías llamar mi atención con otras cosas, Montevideo.

Querías que te viera, que me fijara en ti, que me dejara de pavadas de Graf Speeses y marineritos heroicos y que me enredase en tus redes. Por eso abriste para mí la cajita de los asombros y, justo al salir del hotel, aprovechando mi torpeza habitual, me hiciste pisar una bosta de caballlo en la puerta del Hotel Victoria Plaza, antes de Moon. Yo, que había salido a buscar perfumes de niñez me di de morros con ella. Qué admirable y qué insólito se veía en el asfalto aquel trofeo verde y oro. No por el hecho en sí, claro, no por el lugar elegido por el animal para cagar, sino porque aún rondas en caballos por el centro. Aquella bosta le dio una vuelta de tuerca al destino. Me devolvió a los cuarteles de invierno de los años idos. Encendió mi curiosidad empujándome a buscar debajo de tu vestido. Me llamaste y yo atendí y me dejé llevar.

Olvidé el asunto del Graf Spee y a Tito. Olvidé el programa previsto. Incluso olvidé una visita concertada al Estadio Centenario –por cuyas tripas, si uno le pone atención, al atardecer, se escucha el tintineo metálico de los tacos– y caminé a donde quisieron llevarme mis zapatos. Como un gurí por la murga, me dejé llevar por calles engalanadas de forchelas; calles en las que aún estaba caliente el recuerdo de Xirgú y donde los diarios voceaban nombres desconocidos que iban a tardar poco en serme cotidianos;calles que aguardaban todo el año la vuelta del Carnaval, agotadas sus existencias de longanizas para atar perros; veredas por las que los hinchas de Nacional caminaban agrandados con títulos libertadores e intercontinentales bajo el brazo como quien se exhibe con el termo para cocer el mate de la gloria.

El termo. ¿Quién dijo el termo…? El termo y el hombre. El termo y la cancha. El termo y Dios. Qué insólito espectáculo, querida, para unos ojos profanos, contemplar a unos ciudadanos comunes, en su mayoría tipos respetables, yendo y viniendo de sus quehaceres cotidianos con ese artefacto que uno cree reservado a situaciones de emergencia, con la mayor de las naturalidades, enganchados a él como un yonki a la heroína. Aun reconociendo el aporte tecnológico que el termo representa para la cultura de la yerba, no deja de ser chocante para unos ojos profanos, repito.

Aquél día, caminé tus calles como nunca he vuelto a caminarlas mientras tú, Montevideo, hacías todo lo posible por deslumbrarme. Unas veces de frente y otras por sorpresa. Me llevaste a comer achuras al Mercado del Puerto, nos tumbamos en la tarde de Pocitos y juntos amanecimos en el Cerro. Me trajiste a Alfredo y a Daniel y al loco del Sabalero y a la dulce Vera y yo te llevé conmigo al Este, a comernos las noches con Nana, con Manolo, con la Camerata. Me gustaste desde el primer momento, Montevideo, pero fue más tarde cuando me enamoré de ti. Fue cuando te exiliaron y te viniste a mi casa con lo puesto. Ahí, mirada triste, sueños torcidos, carnes torturadas; ahí te conocí, Montevideo; ahí te sentí como algo mío, y ahí nos juramos amor eterno.

Joan Manuel Serrat

 

Serrat

Comentarios (2)
  • Miguel Angel BRUN  - PERLAS DE CANTO Y ORO DE FILOSOFIA
    Las pepitas de oro se camuflan entre los granos de arena y los guijarros de ciertos ríos. Pienso que los excepcionales trozos de existencia viva que de Johan Manuel Serrat nos regala en forma de canciones, le sirven como cantos rodados, guijarros o arenillas armónicas para ocultar el oro de sus meditaciones, o quizá aún mejor, de su metafísica. Sin embargo a poco de familiarizarnos con las canciones, descubrimos que lo que creíamos ser guijarros y cantos rodados son en realidad perlas. Perlas de canciones que esconden el oro de la meditación filosófica. Pues no es demasiado difícil descbubrir, tras el cantante catalán o el poeta hispánico, el sabio reflexivo, el hombre de pensamiento.Esto es, tras el cantante sabio se reserva, no menos brillante por ser discreto, el filósofo. Tal vez porque la vocación privilegiada del canto le abre la puerta a la exploración última y profunda, dado que las perlas nacidas de la poesía vienen generalmente asociadas al oro del pensamiento de los sabios. Gracias Johan Manuel por ponerle música al pensamiento y a la sabiduría, y por hacerlo motivado por el amor y el don de ti mismo. Te lo agradece un uruguayo que ama Montevideo, portador de dos -¿tres, cuatro o cinco?- idiomas, radicado desde hace 37 años en Francia, corrido de Uruguay con su familia por la dictadura uruguaya después de 14 meses de prisión simultáneamente a su esposa, y amante añejo de tus canciones. Tu me enseñaste que ¡en la vida no hay camino, y que es necesario trazarlo al andar! Gracias por decirlo con música, pues es más piadoso y menos doloroso. Como soy pastor protestante, ahora jubilado, (20 años en Uruguay y 22 en Francia como pastor) e hice un doctorado en Estrasburgo, el tema de mi tesis fue "Une théologie de l'Exil". "Todos somos exiliados. Todos somos extranjeros de donde todos somos compatriotas trashumantes universales". El cosmos tiene un sentido ético bien marcado (reunir a la humanidad) y el exilio es su manera de congregarnos. No tenemos más que descubrir ese objetivo final. Recibe la gratitud de tu compatriota uruguayo, Miguel Angel Brun (¡viejo amigo de Galeano!)
  • virginia morales
    mi comentario es muy simple pero muy grande, al leer la carta se me conmovio el alma y volvi a asegurarme que por la humildad y la forma de contar lo que siente este maravilloso ser humano lamado joan manuel serrat, estoy feliz de haber sido su amiga desde que tenia 11 años, hoy tengo 55. grande nano!!!! y gracias por ser... serrat
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