En 1973, entre el 23 y el 28 de agosto, dos ladrones tomaron como rehenes a los clientes del banco Freditbanken, en la capital sueca.
Curiosamente, la policía debía cobrar sus sueldos al día siguiente en aquella sucursal y actuó con eficiencia. Los rehenes, tres mujeres y un hombre, defendieron a los ladrones después de su liberación y entorpecieron con su conducta complaciente todo el proceso legal, incluso una de las mujeres se comprometió con uno de los asaltantes.
A partir de ese momento, esta situación se conoce como el síndrome de Estocolmo, que fue la ciudad en la que ocurrieron los hechos.







